Justo cuando pensabas que tu cartera no podía sufrir más humillaciones, llega el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) para arruinarte el desayuno. Según su presidente, Álvaro Larios, el costo de la energía está por las nubes, lo que significa que los pequeños agricultores están pagando el combustible para sus tractores y el fertilizante como si fueran boletos para la primera fila de un concierto. Y adivina a quién le pasarán la cuenta de ese fiestón.
Los números son para llorar en posición fetal: los precios agrícolas mundiales ya se echaron un brinco del 13% en el último trimestre, y esto apenas empieza. Los genios de la ONU advierten que en los próximos seis a nueve meses, la inflación alimentaria nos va a pegar más fuerte que la cruda de Año Nuevo. Prepárate para ver cómo el aguacate alcanza el estatus de artículo de lujo y las lentejas se cotizan en la bolsa de valores.
El panorama es tan alentador como un lunes por la mañana. A nivel global, casi una de cada tres personas ya no puede ni soñar con una dieta saludable, mientras el costo de las verduras y legumbres sube más rápido que la popularidad de un video de gatitos. La ONU confirma que unos 260 millones de seres humanos viven con la incertidumbre de no saber qué van a comer, una situación que seguro se discute con gran preocupación desde cómodos salones en Bangkok.
Los más afectados, como siempre, son los que realmente trabajan: los pequeños agricultores. Esos que producen hasta el 70% de la comida en muchos países en vías de desarrollo ahora tienen que decidir si compran fertilizante o mandan a sus hijos a la universidad. Por ejemplo, en el sudeste asiático usan 200 kilos de fertilizantes por hectárea, un gasto que pronto será equivalente a pavimentar sus campos con oro.
Para tranquilizarnos, los países del G7, en un arranque de generosidad que conmovió a nadie, se comprometieron a movilizar 2,500 millones de dólares para la causa. Mientras tanto, los gobiernos locales tienen la brillante opción de subsidiar los combustibles, siempre y cuando no se hayan gastado todo el presupuesto en otras genialidades. Así que ya sabes, ve desempolvando las recetas de tu abuela para estirar el guisado, porque se vienen tiempos interesantes.



