La fiesta de la inteligencia artificial termina con una resaca monumental para los chips asiáticos

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Parece que la fiesta de la inteligencia artificial, esa donde todos se servían con cucharón grande, ha llegado a su fin con una resaca de las que hacen historia. Las acciones de los fabricantes de chips en Asia se desplomaron como si les hubieran contado el final de su serie favorita. Todo el drama es por culpa de una empresa china llamada DeepSeek, que lanzó un nuevo modelo de IA más rápido y ligero, básicamente la versión «light» que nadie pidió pero que ahora amenaza con arruinar el negocio.

Informe El Chapucero

El pánico fue tan contagioso que un índice de Bloomberg que mide a estos genios de los semiconductores se fue de bruces más de un 2%, tocando su punto más bajo desde julio. En esta telenovela bursátil, los protagonistas del llanto fueron Taiwan Semiconductor Manufacturing Co., la surcoreana SK Hynix y la japonesa Advantest Corp. Al parecer, la idea de una IA que no necesite una memoria del tamaño de un refrigerador industrial les ha provocado una urticaria financiera.

Y para echarle más leña al fuego, sus primos ricos de Estados Unidos ya venían con la cara larga, acumulando ocho días seguidos de pérdidas. La preocupación gira en torno a si empresas como CoreWeave seguirán teniendo la billetera abierta para financiar esta borrachera tecnológica. Es más, la emoción por las salidas a bolsa de otras firmas del sector ha disminuido tanto que parece la fila para comprar el nuevo disco de un cantante de los ochenta.

Un tal Kang Dae-Kwun, que dirige algo llamado Life Asset Management, lo resumió sin pelos en la lengua, aunque con palabras más elegantes. Su mensaje fue básicamente: “Si los gringos dejan de soltar el dineral para sus juguetitos de IA, las empresas coreanas se van a quedar mirando al techo”. Esta dependencia del capital estadounidense tiene a los mercados más nerviosos que un gato en una habitación llena de mecedoras.

La magnitud del desastre es tal que el índice Kospi de Corea del Sur acaba de tener su peor semana desde la crisis de 2008, un recuerdo tan grato como una visita al dentista. Aunque el índice todavía presume de una subida de más del 30% en el año, la caída fue estrepitosa. Por su parte, el Nikkei japonés y el Taiex de Taiwán también se unieron al club de los pesimistas, con caídas del 2,3% y 2% respectivamente.

Ahora todos los ojos están puestos en los resultados de gigantes como Meta y Tesla, esperando ver si siguen con ganas de gastar como si no hubiera un mañana en inteligencia artificial. El futuro de miles de millones de dólares en chips depende de si Mark Zuckerberg y Elon Musk se levantaron de buen humor. Así es el capitalismo moderno: un volado que depende del capricho de dos multimillonarios.

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