La economía china se saca un conejo del sombrero, pero la casa se le sigue cayendo a pedazos

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¡Atención, agoreros del apocalipsis! Cuando todos esperaban que la economía china tuviera la energía de un lunes por la mañana, resulta que se tomó un café triple. Creció un 4,5% en el tercer trimestre, superando por un pelito las predicciones de los sabelotodo que le daban un 4,4%. Es como sacarse un seis en el examen cuando aspirabas a un cinco raspado; no es para presumir en la cena familiar, pero al menos no repites el año.

Informe El Chapucero

¿El secreto de este milagro? Parece que las fábricas se pusieron las pilas y produjeron cosas como si no hubiera un mañana, subiendo un 5,5%. Y la gente, en un arrebato de optimismo o aburrimiento, salió a comprar más de lo esperado. Las ventas minoristas repuntaron un 1,1%, lo que demuestra que nada levanta el ánimo como gastar dinero que probablemente no tienes en cosas que no necesitas.

Pero no saquen el champán todavía, porque si escarbamos un poco, el panorama parece un capítulo de acumuladores compulsivos. La inversión inmobiliaria se desplomó un catastrófico 20,6%, un hoyo todavía más profundo que el del mes anterior. Básicamente, están construyendo menos que un perezoso con resaca, lo que significa que la economía china es como un auto con un motor de Ferrari pero con las llantas de una bicicleta infantil.

Para compensar el desastre interno, China se ha dedicado a venderle al resto del mundo hasta los clips de la oficina. Sus exportaciones van a toda máquina, creando un superávit comercial que ya supera los 1,2 billones de dólares. Esto tiene a sus socios comerciales, como la Unión Europea, más irritados que un vecino al que le roban la señal de internet. Están a punto de ponerle un candado a su mercado para que dejen de inundarlos con productos.

Así que, por ahora, los mandamases en Pekín pueden respirar aliviados y posponer el botón de pánico, como quien aplaza la alarma del despertador cinco minutos más. La economía mostró una señal de vida, aunque sea una impulsada por cafeína y ventas al extranjero. Al final, es la clásica historia del adulto funcional: aparentando que todo está bajo control por fuera, mientras por dentro el caos reina y las deudas se acumulan silenciosamente.

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