Argentina junta dólares como si coleccionara corcholatas, pero los inversores todavía la ven con desconfianza

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El Banco Central anda con una aspiradora de billetes verdes, acumulando dólares como si se preparara para el apocalipsis zombi. Sin embargo, el famoso «riesgo país», ese termómetro que mide qué tan probable es que el país pague sus deudas o salga corriendo, sigue más terco que una mula. A pesar de los fajos de dólares acumulados, el indicador no baja de los 650 puntos, mirando a todos desde arriba como diciendo: «¿Y a mí qué?».

Informe El Chapucero

Para los analistas, que son como los tíos que siempre le encuentran el «pero» a todo, la situación es clara. Juntar dólares está muy bien, es como ahorrar para las vacaciones, pero no sirve de mucho si tienes la hipoteca a punto de vencer y la tarjeta de crédito echando humo. La desconfianza no es por falta de efectivo en la billetera, sino por las dudas sobre si habrá para pagar las deudas gigantescas que se vienen y si alguien se animará a prestarle más plata en el futuro.

Los inversores tienen una lista de deseos más larga que la de un niño en Navidad para que el riesgo baje. Piden pruebas de que se podrán pagar los vencimientos, estabilidad económica que dure más que un suspiro y, por si fuera poco, claridad sobre el panorama electoral de 2027. Para colmo, un análisis calcula que la probabilidad de que Argentina no pague en los próximos diez años es superior al 50%, básicamente un volado con el futuro del país. ¡Hagan sus apuestas!

Las opiniones de los expertos son un festival de culpas y diagnósticos. Uno dice que la imagen del Gobierno está más gastada que suela de zapato y que la oposición lanza comentarios «incendiarios» que asustan a cualquiera con dos dedos de frente. Otro, mientras tanto, critica la política monetaria, comparándola con intentar llenar una piscina con un grifo que gotea mientras el desagüe está abierto de par en par. Así, ni con toda el agua del mundo.

Y como si los problemas de casa no fueran suficientes, el panorama internacional está para llorar. Con la inflación en Estados Unidos subiendo al 3,7% y el rendimiento de sus bonos por encima del 5%, los activos argentinos se vuelven tan atractivos como un plato de sopa fría. Cuando los grandes capitales del mundo se asustan, lo primero que hacen es vender los activos más riesgosos, y adivinen qué país encabeza esa lista de «¡sálvese quien pueda!».

En resumen, para que el riesgo país baje de verdad, Argentina necesita una alineación de planetas casi milagrosa. Requiere la bendición del FMI, conseguir nuevos préstamos para pagar los casi 25.000 millones de dólares que vencen en 2027 y mantener las cuentas en orden. Básicamente, le piden que se convierta en Suiza de un día para otro, una tarea tan sencilla como enseñar a un gato a declarar impuestos.

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