Parece que en la discoteca de la economía mundial, Estados Unidos se ha puesto de portero con mala leche y ha decidido que no todos pagan lo mismo por entrar. Resulta que Haití y Brasil son los que se llevaron la peor parte, obligados a pagar un derecho de admisión carísimo, con aranceles del 20,9% y 16,6% respectivamente. Mientras tanto, el resto del planeta paga una media mucho más razonable del 11,1%, como si tuvieran un pase especial o le cayeran bien al de la puerta.
El cerebro detrás de esta brillante estrategia de admisión es, cómo no, el expresidente Trump, quien desempolvó una excusa que suena a capítulo de telenovela: el «trabajo forzoso». Según la Casa Blanca, estos aranceles son para castigar a los países que no se portan bien. Sin embargo, desde Brasil ya levantaron la mano para decir que eso es un cuento más grande que una casa y que en realidad es una excusa barata para proteger su propia industria, como cuando uno dice que no sale de fiesta «para ahorrar» pero en realidad nadie lo invitó.
Pero no todo son malas noticias en este patio de colegio económico. Hay un grupito de alumnos aplicados, formado por Argentina, Ecuador, El Salvador y Guatemala, que firmaron «acuerdos de comercio recíproco». Gracias a esto, consiguieron una rebajita y solo pagan un 10%. A cambio, tuvieron que prometer portarse bien, hacer todos los deberes que les pida Washington y, sobre todo, no juntarse en el recreo con el alumno problemático de la clase: China.
Y es que, al final del día, todo este drama arancelario parece tener un solo nombre en la mira. Para que los brasileños no se sientan tan mal, les contamos que China se enfrenta a un arancel aún más bestial del 26,8%, dejándolos en el primer lugar del podio de los castigados. La estrategia de Estados Unidos parece ser asegurarse de que sus socios comerciales en América Latina no anden coqueteando con el gigante asiático, en una especie de ataque de celos a escala global.
Así las cosas, el panorama del comercio internacional se parece cada vez más a un programa de telerrealidad, donde las alianzas cambian cada semana y las reglas se inventan sobre la marcha. La Cepal ya adelantó que es probable que sigan apareciendo «investigaciones» sacadas de la manga para justificar nuevos caprichos. Mientras tanto, el resto de los países prepara las palomitas para ver cómo sigue este culebrón de aranceles, amistades y traiciones.



