La bolsa mexicana es una fiesta donde los mineros nadan en champaña y los demás buscan monedas para el taxi

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Ha llegado esa gloriosa época del año en que las grandes empresas de México abren sus libros de contabilidad, y el resultado es más bipolar que un adolescente con acceso a la tarjeta de crédito de sus padres. Es un espectáculo de contrastes digno de una telenovela: mientras unos sectores celebran como si hubieran ganado el mundial, otros tienen la cara de quien acaba de ver su recibo de la luz. La moraleja es que una cosa es vender mucho y otra muy distinta es que te quede algo en el bolsillo después de pagar las deudas.

Informe El Chapucero

Los verdaderos ganadores de este circo financiero son los mineros y los cementeros, que están más contentos que un burócrata en quincena. Gracias a que el mundo de repente necesita mucho cobre y metales preciosos, Grupo México y Peñoles vieron crecer sus ganancias operativas en un 36% y un 59% respectivamente, cifras que suenan a premio gordo de la lotería. Por su parte, Cemex no se queda atrás, con su EBITDA subiendo un 10%, demostrando que venderle cemento a la gente para que construya bardas más altas sigue siendo un negocio redondo.

Del otro lado de la moneda, en el pasillo de los perdedores, se encuentran las empresas de consumo. Tiendas como Walmex y Chedraui están sufriendo más que un vegano en una parrillada, con ventas que apenas crecen y ganancias que se encogen. Parece que el consumidor mexicano está tan apretado de dinero que ahora considera el «mirar escaparates» como su principal pasatiempo, dejando a los gigantes del menudeo con los anaqueles llenos y la caja registradora con telarañas.

Pero el premio al drama más grande se lo lleva Becle, la dueña de José Cuervo, que al parecer está ahogando sus propias penas en tequila. La compañía enfrenta una caída en sus ganancias operativas de un catastrófico 42.5%, principalmente porque sus clientes en Estados Unidos de repente decidieron que ya no querían más fiesta. Es la ironía máxima: la empresa que vende alegría líquida está viviendo una resaca financiera de proporciones épicas.

En resumen, el panorama corporativo mexicano es un zoológico donde conviven leones y ratones asustados. Mientras las mineras y constructoras planean sus vacaciones en Dubái, las tiendas y marcas de consumo están revisando sus estrategias para ver cómo convencen a la gente de que realmente necesitan ese décimo par de calcetines. Los analistas, con su típica emoción de mueble de oficina, advierten que la cosa seguirá inestable, así que no apueste los ahorros de su vida a menos que le guste el riesgo o tenga un pariente millonario.

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