Después de una semana más fea que discutir una herencia, Wall Street se levantó de la lona con un ojo morado pero con ganas de seguir en la pelea. Los futuros del tecnológico Nasdaq 100 subieron un 1,3%, mientras que los del S&P 500 le siguieron el paso con un modesto 0,8%. Es el equivalente financiero a decir «estoy bien» después de tropezar en público, mientras por dentro todo es un mar de lágrimas y pánico.
El drama principal gira en torno a la inteligencia artificial, esa promesa que iba a resolvernos la vida y que ahora parece un adolescente caprichoso y carísimo. El sector de los semiconductores, el cerebro de esta operación, tuvo su peor racha de caídas desde la crisis de 2008, lo que tiene a todos con los nervios de punta. Ahora, los inversores esperan los resultados de gigantes como Tesla y Meta como quien espera la nota de un examen para el que no estudió ni un poquito.
Por supuesto, no faltan los gurús tratando de calmar a las masas con palmaditas en la espalda. El jefe de Nvidia, Jensen Huang, salió a decir que «todo esto pasará», con la misma confianza de quien asegura que el lunes empieza la dieta sin falta. Mientras tanto, analistas más realistas admiten que el mercado está más confundido que un pulpo en un garaje, con la incertidumbre sobre la IA, las tasas de interés y las próximas elecciones.
En medio del caos bursátil, cada quien corre para donde puede, creando una ensalada de cifras digna de un manicomio. El bitcoin, ajeno al drama de los trajeados, se disparó más de un 2% superando los 82.500 dólares, como el sobrino raro que se hace millonario de la nada. Por otro lado, el petróleo retrocedió un 1,8% hasta los 107,85 dólares por barril, porque al parecer a nadie le apetece llenar el tanque cuando el futuro es tan incierto.
La gran pregunta en el aire es si la paliza de la semana pasada fue solo un berrinche pasajero del mercado o la primera señal de que la burbuja de la IA está a punto de explotar en nuestras caras. Los más valientes lo ven como una oferta de «liquidación por cierre» para comprar barato, mientras los demás preparan las palomitas de maíz para ver el espectáculo. Los resultados de esta semana decidirán si el cohete tecnológico sigue subiendo o si nos quedamos todos varados en la plataforma de lanzamiento con cara de tontos.



