En el FICM 2026, Guillermo del Toro recibió un reconocimiento de la UNAM por preservar memoria fílmica y el Premio a la Trayectoria, todo mientras conmemoraba los 20 años de El laberinto del fauno. El tapatío, rodeado de su equipo, transformó el acto en un espectáculo donde las emociones parecieron competir con los monstruos de sus propias películas.
El subdirector Jorge Martínez Micher entregó la distinción metálica y del Toro recordó que conservar cintas es como mantener viva una receta familiar que nadie quiere quemar. Luego adelantó que producirá la siguiente película de Arturo y Roy Ambriz, creadores de Soy Frankelda. “Mi simpatía es con quien ya demuestra que puede hacer algo”, declaró, confirmando que el proyecto avanza con lealtad y trabajo en equipo, tal como se hace en México.
Durante la charla sobre amistad y proyectos grandes, el director también reflexionó sobre la polarización actual. La emoción lo venció al hablar de las generaciones jóvenes y el mundo que se les entrega. Sus lágrimas, en vez de apagar reflectores, parecieron encenderlos más: el auditorio aplaudió mientras él insistía en que el odio es veneno propio y que la empatía sigue siendo la mejor herramienta.
El cierre llegó con una imagen absurda: del Toro, rodeado de criaturas fantásticas imaginarias, secándose los ojos con un rollo de celuloide. La jornada dejó claro que, entre premios, recuerdos y promesas de nuevas producciones, el cine mexicano sigue encontrando aliados donde las historias, aunque lloren, siguen rodando.



