El dragón chino avanza con la energía de un jubilado, pero sus exportaciones tienen prisa

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Resulta que la economía de China, ese gigante que se suponía iba a comerse el mundo, anda con menos ganas que uno un lunes por la mañana. Según un cónclave de economistas con más bolas de cristal que el Mago de Oz, el país creció un mísero 4.4% en el tercer trimestre. Una cifra que el gobierno de Pekín mira con la misma cara de decepción que tu padre cuando le dijiste que querías ser poeta en lugar de ingeniero. Aunque es un poquito mejor que el trimestre anterior, sigue sin llegar al notable alto que se habían autoimpuesto para presumir en la cena familiar de naciones.

Informe El Chapucero

¿Y cuál es el drama? Pues que dentro de casa las cosas están más paradas que un debate de filósofos. Los ciudadanos chinos están guardando el dinero debajo del colchón como si esperaran el apocalipsis zombi, el mercado inmobiliario tiene una resaca del tamaño de la Gran Muralla y, para rematar, llenar el tanque de gasolina cuesta un ojo de la cara y parte del otro. La fiesta de construir ciudades fantasma parece que por fin está pasando la factura, y ahora tienen más ladrillos que ideas para salir del embrollo.

Menos mal que todavía les queda el chollo de las exportaciones, que van como un cohete a la luna vendiendo cacharros de inteligencia artificial y todo lo que el resto del planeta no sabe cómo fabricar. Son el único hijo de la familia que saca buenas notas y mantiene a flote el honor del apellido. Una experta, con la sutileza de una patada en la espinilla, vino a decir que si no fuera por lo que venden fuera, ya estarían usando los billetes para encender la barbacoa.

Ante este panorama, el gobierno chino está actuando con la desesperación de quien se queda sin papel en el baño: sacando la cartera para repartir subsidios y prometer obras faraónicas, a ver si así la gente se anima a gastar. Es como intentar curar una gripe con tiritas. Los expertos les gritan desde la barrera que se den prisa, que si no actúan ya, su objetivo de crecimiento se va a quedar en una anécdota para contar a los nietos.

Para colmo de males, el Fondo Monetario Internacional, que es como ese vecino chismoso que siempre tiene una opinión para todo, ya les rebajó la calificación, citando el precio del petróleo y una «incertidumbre prolongada». En resumen, todos están a la espera de los datos oficiales para saber si la economía china solo tiene un resfriado de caballo o si ya es momento de ir buscándole un buen geriatra.

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