Gringos califican a los países para invertir y Latinoamérica apenas pasa de panzazo

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Parece que los empresarios de Estados Unidos se aburrían y decidieron repartir calificaciones como si fueran maestros de primaria. En su más reciente estudio sobre dónde es seguro poner el dinero, Noruega salió como el niño genio de la clase, con un casi perfecto 92.1 sobre 100. En el otro extremo del salón, castigado y mirando a la pared, se encuentra Venezuela con un glorioso 9, una calificación que ni copiando en el examen se puede conseguir. La diferencia es tan abismal que parece la comparación entre el sueldo de un director general y el tuyo.

Informe El Chapucero

En el patio de recreo de América Latina, el más aplicado del grupo fue Chile, que se coló en el puesto 27, logrando un respetable 75.1. Le siguen de cerca Uruguay y Costa Rica, esos compañeros que siempre se sientan juntos y hacen los trabajos en equipo. Más atrás, en el pelotón de los que entregan la tarea tarde y con manchas de café, vienen Colombia, Brasil, Argentina y México, todos amontonados a mitad de la tabla, con la misma cara de satisfacción de quien saca un seis y sabe que con eso alcanza para no repetir el año.

El boletín de calificaciones para todo el continente americano fue un mediocre 49.8, un poquito por debajo del promedio mundial, confirmando que somos esa región que promete mucho pero a la hora de la verdad, se distrae con cualquier cosa. Nuestro único punto fuerte, según el reporte, es la «Transparencia», lo que significa que somos buenos para soltar la información, casi como chisme de vecindario. La peor nota la obtuvimos en «Estabilidad», sobre todo en el control de la delincuencia, con una puntuación de 31.6, más baja que la moral de un político en campaña.

El informe dedica un capítulo especial para los chicos problema de Centroamérica, donde las reglas del juego son más flexibles que un contorsionista de circo. En países como Guatemala, El Salvador y Nicaragua, la ley se aplica según el cliente, y la independencia judicial es tan real como los unicornios. Básicamente, invertir ahí es como jugar a la ruleta rusa: emocionante, pero con altas probabilidades de que todo termine muy, pero muy mal para tu cartera.

En conclusión, los mandamases del billete verde nos dicen que, si bien somos transparentes, el riesgo de que tu inversión termine financiando el yate de alguien más es altísimo. El clima para los negocios en la región es tan predecible como tu conexión a internet durante una tormenta. Así que si piensas invertir, quizás sea mejor que compres unos billetes de lotería; al menos ahí la probabilidad de ganar es pública y no depende del humor del gobernante en turno.

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