Brasil se prepara para el debate del siglo: el abuelo regalón contra el hijo que quiere ser Rambo

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¡Saquen las palomitas y pónganse cómodos, porque la final de la telenovela brasileña está que arde! Este domingo, Brasil se paraliza para presenciar el cara a cara más esperado desde que se inventaron las discusiones por el grupo de WhatsApp de la familia. Por un lado, tenemos a Luiz Inácio Lula da Silva, el abuelo que ha vuelto por sus fueros y que, a sus 81 años, ha decidido que la jubilación es para los débiles. Por el otro, Flávio Bolsonaro, el hijo del expresidente, que tiene la sutilidad de un rinoceronte en una cristalería y un plan de gobierno escrito en una servilleta de bar.

Informe El Chapucero

En la esquina de la mano dura que te deja sin mano, Flávio Bolsonaro llega con una propuesta de seguridad que hace que el plan de El Salvador parezca un campamento de verano. El candidato básicamente dijo: «¿Creen que soy radical? Agárrenme el cubata». Promete un país tan seguro que hasta las palomas pedirán permiso para aterrizar. Además, su principal promesa de campaña es sacar a su padre de la cárcel, lo que convierte la elección en el episodio más caro de «Rescátame, que mi hijo es candidato». Mientras tanto, acusa a Lula de engañar a la gente con promesas, lo cual es como si el coyote acusara al correcaminos de correr demasiado rápido.

Del otro lado del cuadrilátero, el casi octogenario Lula ha decidido que, para ganar, tiene que convertirse en el abuelo *influencer* que no sabíamos que necesitábamos. Tras una primera vuelta más desorganizada que un cajón de calcetines impares, ahora está repartiendo promesas como si fueran caramelos en la puerta de un colegio: dos días de descanso, perdón de deudas, becas universitarias y gasolina casi gratis. Básicamente, si votas por él, poco más y te regala un poni. Su mejor dardo contra Bolsonaro fue decir que «no sirve ni para presidente de una comunidad de vecinos», la ofensa definitiva para cualquiera que haya sufrido una junta de propietarios.

La bronca, por supuesto, también se ha mudado al barro digital. La campaña de Lula le ha lloriqueado a Meta, acusándola de ponerle la zancadilla en Instagram y WhatsApp, llevando el asunto hasta la mismísima ONU. Meta, por su parte, ha puesto la misma cara de póker que pones tú cuando te preguntan si fuiste tú quien se comió el último trozo de tarta, alegando «incidentes técnicos». Claro, tan «incidente» como tropezar y caer casualmente sobre el botón de «restringir cuenta de Lula». La campaña de Bolsonaro, mientras tanto, mira para otro lado silbando disimuladamente.

Así que, queridos ciudadanos del caos, la mesa está servida. La elección se reduce a escoger entre el abuelo que te perdona las deudas pero te duerme con sus batallitas, y el tipo que promete seguridad a base de construir una cárcel del tamaño de Portugal. Mientras los artistas salen a la calle a gritar «Bolsonaro nunca más» y los seguidores de Flávio calientan motores, el resto del país se pregunta si no sería más fácil decidirlo todo a piedra, papel o tijera. Gane quien gane, la comedia está garantizada. ¡Qué empiece el espectáculo

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