Atención, gente con deudas hasta el cuello, porque parece que en Venezuela están a punto de experimentar un milagro económico que haría llorar de envidia al mismísimo Mago de Oz. Según la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, quien anunció la noticia con el entusiasmo de un vendedor de crecepelo en un infomercial de medianoche, el país espera recibir la módica suma de 76,000 millones de dólares en inversiones petroleras. Es como si tu ex, después de años de tirarte los trastos a la cabeza, de repente te ofreciera pagarte el alquiler a cambio de, bueno, dejarle perforar tu patio trasero con 250 taladros.
En un giro de guion más inesperado que el de una película de M. Night Shyamalan, resulta que el principal socio en esta fiesta de billetes es Estados Unidos, el mismo «imperio yanqui» de antes. Al parecer, donde hubo sanciones, ahora quedan contratos. Delcy Rodríguez calificó la jugada como una «alianza ganar-ganar», una frase que siempre suena sospechosa, como cuando tu jefe te dice que el trabajo extra «es para que desarrolles tu potencial». Este pacto, que abarca 17 yacimientos petroleros, forma parte de un paquete de 61 acuerdos, lo que sugiere que la letra pequeña debe ser más larga que la lista de promesas incumplidas de un político.
Para añadirle más fantasía al asunto, la presidenta encargada sacó a relucir las cifras del estado Zulia, donde la producción petrolera, según ella, saltó de 70,000 a 370,000 barriles diarios. Un aumento tan milagroso que hasta la Virgen de Coromoto está pidiendo la receta. Lo más cómico del asunto es que no especificó el lapso en que ocurrió semejante hazaña, dejando que la imaginación del público llene los huecos. Podría haber sido en los últimos cinco años, en la última semana o durante un sueño particularmente optimista.
Así que, mientras Venezuela se prepara para esta supuesta lluvia de petrodólares tras años de instalaciones oxidadas y una producción más baja que el ánimo un lunes por la mañana, la pregunta del millón (o de los 76 mil millones) sigue en el aire. ¿Verá el ciudadano de a pie algo de esa fortuna o todo se irá en una fiesta de cinco años para unos pocos afortunados? Hagan sus apuestas, que la casa invita.



