Rusia apaga la luz en Ucrania mientras Trump negocia el diésel como en el tianguis

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Parece que en el Kremlin decidieron que la factura de la luz de Ucrania ya estaba muy alta y, en un gesto de «ahorro energético» forzoso, organizaron un reparto a domicilio masivo de drones y misiles. El presidente Volodimir Zelensky, actuando como el administrador del condominio más estresado del planeta, puso el grito en el cielo virtual para denunciar que Rusia planea dejarlos a oscuras justo cuando empieza el frío, como si fuera una suegra malvada que baja el interruptor general en plena final del mundial.

Informe El Chapucero

La fiesta de fuegos artificiales no autorizados incluyó más de 320 drones tipo Shahed, misiles de crucero y otras chucherías explosivas que golpearon la infraestructura energética con la precisión de un borracho jugando a los dardos. Aunque las defensas aéreas ucranianas se esforzaron por atraparlos como si fueran pokémones raros, el bombardeo fue tan insistente que la red eléctrica quedó más parchada que pantalón de mecánico. «¡Rusia quiere que volvamos a la Edad de Piedra y nos comuniquemos con señales de humo!», exclamó Zelensky, pidiendo más «me enoja» en redes sociales para presionar al agresor.

Pero el giro de guion más absurdo llegó desde Estados Unidos, donde Donald Trump, en un acto de malabarismo político, decidió que la «Ley Lindsey Graham» era más una sugerencia que una regla. Con la misma facilidad con la que uno cancela una suscripción al gimnasio, Trump desactivó las sanciones que él mismo había aprobado un mes antes. ¿La razón? Un trueque digno de patio de colegio con Putin: Rusia inunda el mercado con diésel barato para que a los estadounidenses no les duela tanto llenar el tanque, y a cambio, se hacen de la vista gorda con el mal comportamiento ruso.

Zelensky, al enterarse, casi se atraganta con el café. «¡Es increíble! Justo cuando los rusos nos están bombardeando la planta eléctrica, en Washington deciden ignorar la ley que podría haberlos frenado», se quejó amargamente. Es el equivalente a que te estén asaltando y tu vecino, en lugar de llamar a la policía, le ofrezca al ladrón un refresco porque hace calor. «Aliviar la presión sobre el agresor y darle propina por su excelente trabajo de demolición solo lo anima a seguir», sentenció, con una lógica aplastante que parece haberse perdido en algún campo de golf de Florida.

Mientras tanto, los socios europeos, como esa tía preocupada que manda cadenas de oración por WhatsApp, preparan nuevos paquetes de apoyo y reafirman que «no es momento de aflojar». Zelensky ya les pasó la lista de regalos, pidiendo más misiles Patriot y unos 70.000 millones de euros para el año que viene, porque mantener un país a flote en estas condiciones sale más caro que una boda. En paralelo, para no perder la costumbre, otros ataques rusos en el sur dejaron 18 muertos, demostrando que en esta comedia negra, los chistes siempre terminan con un remate trágico.

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