Como ese amigo que, después de dos cervezas, se ofrece a pelearse con el que te miró feo, el presidente egipcio Abdelfatá al Sisi le ha dicho a Arabia Saudita: “Tú nomás avísame y les caemos con todo el equipo”. En un arranque de solidaridad que haría llorar al más pintado, Sisi prometió que Egipto hará “todo lo necesario” para defender a sus amigos saudíes, eso sí, siempre y cuando el Parlamento le dé chance, como quien pide permiso para salir tarde.
Pero la cosa no para ahí. Para asegurarse de que el país no termine en manos de alguien que no sepa ni usar una hoja de cálculo, Sisi anunció la creación de una especie de Hogwarts para futuros líderes de Estado. La Academia Militar Egipcia lanzará un programa intensivo de 7,500 horas, más largo que una telenovela venezolana, para convertir a cerebritos con doctorado en una especie de Rambos de la administración pública, listos para dirigir ministerios, regiones y hasta la kermés de la colonia si es necesario.
En un momento de sinceridad casi conmovedor, durante una ceremonia de graduación, Sisi también abordó el chismecito sobre su futuro en el poder. “En 2030 se acaba mi turno, si es que llego vivo”, declaró, cerrando el debate con la misma contundencia con la que tu mamá cierra una discusión. “Este asunto está más cerrado que cuenta de banco en quincena”, pareció añadir, asegurando que no tocará la Constitución ni con un palo.
Además, para despejar cualquier rumor de nepotismo, Sisi aclaró que no está preparando a ningún sobrino o primo para que herede el trono. “Que a nadie se le ocurra decir que estoy acomodando a mi familia”, advirtió, antes de pedir ayuda para evitar que un “traidor o criminal” con “malas intenciones” llegue al poder. Básicamente, el anuncio de trabajo dice: “Se busca presidente. Requisito indispensable: no ser un villano de caricatura”.
Así que ya sabe, mientras Egipto prepara a su próxima generación de superburócratas a prueba de todo, su ejército calienta en la banca, listo para ser el “amigo que te hace el paro” en el complicado patio de recreo del Golfo. Una estrategia tan sólida como fiarle al compadre que siempre promete pagar la próxima ronda.



