Entender el precio de la gasolina es como armar un mueble sueco con un manual en arameo. Cada mañana, el conductor enfrenta una ruleta rusa de centavos, preguntándose si su cartera sobrevivirá al próximo llenado del tanque. Es el deporte nacional favorito después de culpar al árbitro.
Este viernes, la montaña rusa nos dejó con la Magna coqueteando en 23.99 pesos por litro, mientras la Premium se pavoneaba en un estratosférico 29.41 pesos y el diésel, el primo rudo, marcaba 27.107 pesos. Pero para poner orden en este casino de hidrocarburos, en marzo de 2025 entró en escena la Comisión Nacional de Energía (CNE), un organismo con más autoridad que suegra en domingo. Su misión: regular, supervisar y jalarle las orejas a quien se pase de listo, desde el transporte hasta la venta, asegurando que la soberanía energética no sea solo un bonito eslogan. La CNE, coordinada con la Secretaría de Energía, actúa como el árbitro que le saca tarjeta roja al caos.
Y para rematar la jugada, la presidenta Claudia Sheinbaum, a inicios de 2025, convocó al sector empresarial para firmar un pacto de caballeros: la gasolina Magna no debía superar los 24 pesos por litro. Una maniobra precisa para proteger el bolsillo del ciudadano común, demostrando que mientras los mercados globales tienen berrinches, aquí se juega con estrategia y control.
Así, mientras el petróleo internacional sigue con sus dramas existenciales, en México el precio del combustible más popular ahora tiene un guardián. El único susto que uno debería llevarse en la gasolinera es descubrir que ya no hay papitas de tu marca favorita. ¡Prioridades, señores, prioridades



