En un giro digno de telenovela corporativa, Cruz Azul anunció que Raúl ‘Potro’ Gutiérrez ya no dirigirá a su equipo femenil. La razón oficial suena a “no eres tú, soy yo”, pero el chisme apunta a una infidelidad deportiva de primer nivel: fue visto festejando con el archirrival.
El ‘Potro’, en un acto de audacia o de amnesia selectiva, asistió a una pachanga del América, el equivalente futbolístico a que el Capitán Kirk se una a la flota Romulana para un picnic. La afición celeste, conocida por su estoicismo y su capacidad para soportar finales cardiacas, simplemente no pudo procesar esta traición. Su presencia en la fiesta azulcrema fue la gota que derramó un vaso ya bastante lleno de… bueno, de cemento azul. Todo esto después de dirigir unos fugaces 6 partidos, un récord de brevedad que ni las dietas de enero.
El comunicado oficial, con la emoción de un manual de licuadora, habló de un “mutuo acuerdo” y “condiciones que dificultaban el proyecto”. Traducción: “lo cachamos y tuvo que empacar sus cosas”. La directiva actuó con la velocidad de un rayo, nombrando a Joaquín Moreno como el valiente interino que ahora debe pastorear al rebaño mientras se apaga el incendio mediático. Moreno llega para poner orden y, presumiblemente, para revisar las invitaciones a fiestas de todos sus colegas.
Así concluye la efímera era del ‘Potro’ en el banquillo femenil, una lección para futuros estrategas: puedes perder un clásico, pero jamás, jamás, te aparezcas en la carne asada del rival. La lealtad, al parecer, es más importante que cualquier esquema táctico de 4-4-2.



