Tras 214 días de meditación, yoga y probablemente ver muchas series, Luis Ángel Malagón regresó a la portería del América. Su reaparición generó más tensión que cena familiar en Navidad, justo cuando Rodolfo Cota ya le había agarrado cariño al puesto y hasta le había puesto nombre a los postes.
Guillermo Almada, actuando más como terapeuta de parejas que como director técnico, tuvo la inevitable y ligeramente incómoda charla con Cota para comunicarle que el titular recuperado volvía al trono, digo, a la portería. La lesión de siete meses de Malagón, una ruptura del tendón de Aquiles que lo dejó sin Mundial 2026 y con la duda de si volvería a caminar, finalmente había sanado. Cota, en un acto de nobleza que debería ser estudiado por diplomáticos de la ONU, simplemente aceptó el veredicto sin chistar. Almada describió al suplente como “un caballero”, que en el argot del futbol significa “no tiró la hielera ni le rayó el auto al otro en el estacionamiento”. Malagón, por su parte, celebró su resurrección deteniendo un mano a mano contra Rayados, demostrando que sus reflejos no se fueron de vacaciones con los siete kilos que perdió. Ahora, la afición se pregunta si la paz durará o si esto es solo el primer capítulo de la nueva serie de moda: “Los Ricos También Atajan”.
Así, la portería azulcrema recupera a su guardián predilecto, mientras el suplente modelo vuelve a la banca con una dignidad envidiable y la espalda caliente. La competencia sigue viva, pero la jerarquía ha sido restablecida con la sutileza de un martillazo. Al final, en el futbol como en la vida, siempre vuelve tu ex… portero titular.



