En un giro argumental más inesperado que el final de una telenovela de las nueve, el gobierno de Brasil anunció que la Amazonía está perdiendo árboles a un ritmo más lento que tu tío perdiendo el pelo. Según cifras oficiales, la deforestación ha caído a su nivel más bajo desde que Matusalén era un niño, una noticia que el presidente Lula da Silva ha presumido más que un nuevo rico su primer reloj de marca, justo a tiempo para las elecciones.
Al parecer, entre agosto de 2025 y julio de 2026, los leñadores se tomaron un descanso y solo se cargaron 3,335 kilómetros cuadrados de selva, un 42% menos que el año anterior. Es una superficie que sigue siendo más grande que la paciencia de tu madre, pero es un avance. Lula, en modo activista de redes sociales, publicó en X su objetivo de «deforestación ilegal cero para 2030», una promesa tan creíble como la de «el lunes empiezo la dieta».
La noticia cayó como una patada en la espinilla para la familia Bolsonaro, cuyo patriarca, Jair, veía los árboles como una afrenta personal. Su hijo, Flávio, ahora debe competir contra un Lula que se pasea por ahí con un aura de Capitán Planeta. «Es una caída absolutamente estratosférica, es como un sueño», celebró el ministro de Medio Ambiente, Joao Paulo Capobianco, probablemente mientras abrazaba un árbol y lloraba de la emoción, o quizás solo acababa de ver su cuenta bancaria.
Todo este chismorreo forestal fue confirmado por un sistema de satélites llamado «Prodes», que suena a medicamento para la próstata, pero que al parecer es muy bueno contando los árboles que ya no están. La tendencia a la baja es continua desde 2022, lo que sugiere que las motosierras están perdiendo popularidad o simplemente se quedaron sin gasolina.
Y como si fuera una promoción de supermercado, la sabana del Cerrado, la prima menos popular de la Amazonía, también reportó su menor nivel de destrucción. Un ecologista llamado Márcio Astrini declaró que «con voluntad política, es posible frenar las motosierras». Claro, sobre todo cuando tu rival político tiene la sensibilidad ambiental de un bulldozer. Veremos cuánto dura el amor por la naturaleza cuando acabe la campaña electoral.



