El Fondo Monetario Internacional, esa tía lejana que solo aparece para criticar tu peso y tus decisiones de vida, ha vuelto a hablar. En su más reciente informe de chismes económicos, el FMI le dio una palmadita en la espalda a Latinoamérica por no haber incendiado el continente todavía, pero le advirtió que la fiesta se puede acabar. Según los genios de las finanzas, es un buen momento para que los gobiernos dejen de gastar como si no hubiera un mañana, reduzcan sus deudas y se pongan a trabajar en serio.
Las cifras de crecimiento que proyectan son para bostezar: un modesto 2.3% para 2026 y un emocionante 2.5% para 2027 en la región. Esto es como celebrar que en lugar de repetir el año, lo pasaste con la nota mínima. Mientras tanto, otras economías emergentes del mundo se ríen en nuestra cara con proyecciones mucho más jugosas, dejándonos en el asiento de atrás del autobús del progreso económico.
El FMI reconoce que la región se mantiene a flote gracias a salvavidas externos, como la fuerte demanda de Estados Unidos, las remesas de los primos que sí la hicieron y el turismo. Sin embargo, advierten que estos son parches temporales para un problema de fondo: la deuda pública sigue creciendo como la barriga después de las fiestas de fin de año. El jefe del departamento, Nigel Chalk, básicamente dijo que el crédito barato no durará para siempre, así que más vale que vayan guardando en el cochinito.
Lo más cómico es que los países latinoamericanos intentaron portarse bien en 2025 con algunos ajustes, pero el esfuerzo les duró menos que un propósito de Año Nuevo. Para este año, el plan de «consolidación fiscal» se ha estancado, y muchos gobiernos, como Brasil y varias economías del Caribe, prefirieron seguir subsidiando la energía para no hacer enojar a la gente. Es el equivalente a calmar a un niño con un dulce en lugar de enseñarle a comer verduras.
Para rematar, el informe concluye con una dosis de cruda realidad que ni el café más cargado podría mejorar. El FMI prevé que pocos países de la región se acercarán al nivel de vida de las economías avanzadas en los próximos años, calificando el riesgo de quedarnos aún más rezagados como un «problema urgente». En otras palabras, nos están diciendo diplomáticamente que dejemos de soñar con ser Dinamarca y nos preocupemos por no terminar pareciéndonos a una película de desastres.




