La economía de Estados Unidos sube más rápido que cohete de feria, pero es para estrellarse

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El gobierno yanqui acaba de sacar las calificaciones de su economía y, para sorpresa de absolutamente nadie con dos dedos de frente, reprobó con honores. La inflación mayorista se disparó un 6.3% en septiembre, superando todas las apuestas de los analistas que esperaban un modesto 5.5%. Este descalabro, el más grande desde diciembre del 2022, demuestra que la economía está más caliente que un asiento de coche en pleno verano, y no en el buen sentido. Es el tipo de noticia que le provoca al presidente un tic en el ojo justo antes de las elecciones.

Informe El Chapucero

La mitad de este desastre financiero tiene un solo culpable con olor a octanaje: la gasolina, cuyos precios se catapultaron un demencial 20.3%. Llenar el tanque del coche ahora cuesta lo mismo que una cena para dos en un restaurante donde no te atreves a preguntar por los precios. A este villano de la película se le unieron sus secuaces, como las verduras, la electricidad y hasta el combustible para aviones, asegurándose de que ni por tierra ni por aire te salves de la quema.

Y como una mala noticia nunca viene sola, este numerito llega justo después de que nos dijeran que ir al supermercado ya es un deporte de alto riesgo para la cartera. El índice de precios al consumidor también subió más de lo esperado, un 3.7%, confirmando que tu dinero vale menos cada vez que parpadeas. Todo esto pone a la Reserva Federal en una encrucijada: o suben las tasas de interés y ahogan a medio mundo, o no hacen nada y ven cómo todo se incendia.

Para iluminarnos con su infinita sabiduría, apareció un experto financiero, Chris Zaccarelli, a decir lo que tu tía ya sospechaba mientras pagaba el gas: la Reserva Federal no tendrá más remedio que volver a subir las tasas. Para esta revelación no se necesitaba un doctorado en economía, bastaba con intentar comprar aguacates y no sufrir un infarto en el intento. La solución al parecer es un jarabe más amargo que la enfermedad.

Para rematar el chiste, las ventas minoristas también subieron un 0.8%, lo que el gobierno celebra como si hubieran ganado el mundial. El pequeño detalle es que ese aumento se debe casi por completo a que la gente tuvo que vaciar sus bolsillos para pagar la gasolina carísima. Mientras tanto, los salarios ajustados a la inflación volvieron a caer, demostrando la famosa «economía en forma de K»: los de arriba van en cohete a la luna y los de abajo en patineta y sin frenos.

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