En un acto que sacudió los cimientos del futbol nacional más que un sismo en plena final, el técnico Raúl ‘Potro’ Gutiérrez, del Cruz Azul Femenil, cometió el equivalente a llevar mariachi a un funeral vikingo: asistió a un homenaje del América y, ¡oh, el horror!, se puso la camiseta rival.
El drama se desató en el Estadio Azteca, donde el ‘Potro’ fue fotografiado portando el plumaje del archienemigo. La directiva femenil, liderada por Fernanda Pons, activó protocolos de crisis, posiblemente consultando manuales sobre traiciones épicas. Según reportes de Gerardo González y Fabián Reyes, el estratega campeón del mundo Sub-17 tiene un pie fuera de La Noria, demostrando que la lealtad es un accesorio de temporada. Su futuro se debate con más intensidad que un final de telenovela, con la afición exigiendo una purga por semejante afrenta textil.
Gutiérrez emitió una disculpa comparando su acto con un «autogol involuntario», una joya de la retórica. Lamentó no «dimensionar el impacto», como si hubiera presionado el botón nuclear en vez de elegir una camisa. Mientras, se baraja el regreso de Guadalupe Worbis, experta en apagar incendios en un club donde el caos es parte del uniforme. El hecho de que, según Adrián Esparza Oteo, nadie en la institución estuviera enterado, solo le añade más sabor al sainete.
Al final, con el equipo en sexto lugar en el Apertura 2026 y necesitando un milagro para calificar, este escándalo de guardarropa parece la distracción perfecta. Porque es más fácil discutir sobre una camiseta que sobre por qué al equipo le cuesta tanto trabajo ganar. Un clásico del drama deportivo moderno.




