Corea del Norte estrena sus nuevos cohetes acuáticos para ver quién se asusta primero

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Desde las profundidades más misteriosas que el historial de búsqueda de un político, Corea del Norte ha decidido que el mar estaba demasiado tranquilo y le ha lanzado dos de sus nuevos “misiles de crucero estratégicos” desde un submarino. Según la agencia de noticias oficial, KCNA, que tiene la misma credibilidad que un “te llamo mañana”, el chapuzón se dio el miércoles en el mar del Este, también conocido como el mar de Japón, para que el vecino no se sintiera excluido del susto.

Informe El Chapucero

El comunicado oficial, con la seriedad de un payaso en un funeral, aseguró que la maniobra fue un éxito rotundo y no tuvo “ningún impacto negativo en la seguridad de los países vecinos”. Esto, traducido del norcoreano diplomático, significa que los misiles cayeron al agua y no en el jardín de alguien por pura casualidad. La excusa oficial es que se trataba de un “ejercicio de entrenamiento” de la Armada, probablemente para practicar cómo hacer la bomba más grande y salpicar más lejos.

Todo este alboroto acuático viene después de que las cosas se pusieran más tensas que cinturón de luchador de sumo en la frontera. Al parecer, una mina terrestre explotó y dejó heridos a unos soldados surcoreanos, lo que desató una competencia de “a ver quién la tiene más grande” en tecnología de misiles. Es la versión geopolítica de dos vecinos discutiendo sobre quién pone la música más alta para molestar al otro.

Para explicar esta jugada maestra, un analista, que seguramente necesitaba justificar su sueldo, señaló que la tecnología tiene “importancia táctica”. Aparentemente, un misil se lanza en vertical, para subir alto como tus deudas y luego caer de golpe sobre el objetivo. El otro se lanza en ángulo, volando bajito y a escondidas, como tú cuando llegas tarde a casa y no quieres que te cachen. Básicamente, han inventado el misil “sorpresa” y el misil “ninja”.

Al final del día, lo único claro es que Seúl y Pyongyang siguen técnicamente en guerra, viviendo en la tregua más larga e incómoda de la historia, como esa pareja que no se divorcia por los niños pero duerme en cuartos separados. Mientras tanto, el resto del mundo mira este espectáculo conteniendo la respiración, esperando que el próximo “entrenamiento” no sea para ver si los misiles flotan en la piscina de la Casa Blanca.

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