Cuando Clara Brugada soltó la noticia en su Segundo Informe de Gobierno, la UNAM confirmó que el nuevo plantel del suroriente capitalino será una Escuela Nacional de Estudios Superiores con carreras de alta demanda. El anuncio llegó envuelto en planos, presupuestos y promesas de descentralizar el conocimiento como quien reparte tamales en una fiesta de barrio.
La máxima casa de estudios y el Gobierno capitalino detallaron que la ENES Suroriente tendrá espacio para 20 mil estudiantes y ofrecerá licenciaturas vinculadas con ecología, medio ambiente y necesidades reales de la zona. El proyecto marca el primer gran esfuerzo de la UNAM en el Valle de México desde las cinco unidades de la Escuela Nacional de Estudios Profesionales inauguradas entre 1973 y 1976, más las escuelas de Enfermería y Artes Plásticas que abrieron en 1979. Ahora el enfoque se ajusta a las realidades locales en vez de repetir moldes antiguos.
Además de este campus, Brugada anunció tres universidades públicas nuevas y cinco preparatorias en pueblos y barrios originarios, todas ubicadas principalmente en la periferia. El objetivo conjunto entre la UNAM y el Gobierno de la CDMX es llevar la oferta educativa hacia donde antes solo llegaban las combis y el rumor de que “algún día habría algo”. El comunicado destaca planes de estudio hechos a la medida, como si alguien hubiera decidido que los futuros profesionistas de la zona merecen herramientas útiles y no solo diplomas decorativos.
Al final, la descentralización avanza sin necesidad de que nadie monte un circo mediático. El suroriente recibe un campus serio mientras el resto de la ciudad sigue preguntándose cómo hacer que el Metro funcione igual de bien.




