¡Atención, mortales con el tanque en la reserva! El Kremlin, en un acto de caridad que haría llorar al mismísimo San Judas Tadeo, ha confirmado que su diésel, más codiciado que un boleto para la final, ha empezado a fluir hacia el mundo. Todo gracias a un pacto sacado de la chistera de Donald Trump, quien aparentemente negoció con la misma delicadeza con la que pide una hamburguesa doble con queso. El objetivo: bajar los precios del combustible justo a tiempo para que sus votantes puedan ir a las urnas sin tener que vender un riñón.
El portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, soltó con cara de póker que el diésel «tendrá un efecto positivo en la estabilización», aunque admitió que no será suficiente para arreglar el desastre por completo. Es como ponerle una curita a un paciente en terapia intensiva. Los primeros datos confirman que ya zarpó un tanquero con unas 40,000 toneladas de diésel, una cantidad tan monumental que apenas alcanza para llenar el tanque de los carritos de golf de Mar-a-Lago y quizás un par de yates en Miami.
Como en toda buena pachanga familiar, no tardaron en aparecer los aguafiestas. El presidente ucraniano Zelenski, varios líderes europeos y hasta algunos republicanos pusieron el grito en el cielo, calificando el acuerdo como una traición más grande que la del final de tu serie favorita. Moscú, lejos de inmutarse, calificó las críticas de «cínicas», básicamente diciéndoles que dejen de quejarse mientras siguen comprando su gas y petróleo por debajo de la mesa. El nivel de hipocresía es digno de una telenovela de las nueve.
Para rematar el chiste, Trump anunció con bombo y platillo que llegarían 300,000 toneladas de diésel, una cifra que suena impresionante hasta que te das cuenta de que es menos de lo que consume el transporte de Estados Unidos en un solo día. Es el equivalente a intentar llenar una alberca olímpica con un gotero. Así que, mientras los líderes mundiales juegan a las estatuas con barriles de petróleo, usted, querido lector, siga rezando para que la aguja del combustible no baje más rápido que su quincena.




