Después de 13 años de siesta, el gobierno por fin se digna a organizar el Monopoly de los terrenos

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En un arranque de productividad que no se veía desde que alguien encontró el control remoto perdido, la Cámara de Senadores finalmente se despertó y aprobó una ley que llevaba acumulando polvo por 13 largos años. Con 69 votos a favor y 32 en contra, nuestros legisladores decidieron que ya era hora de poner orden en el desastroso juego de mesa inmobiliario del país. Aparentemente, la idea de que tu casa pudiera estar registrada también a nombre del vecino de enfrente ya no les parecía tan divertida.

Informe El Chapucero

El rimbombante nombre de la ley es para “Fortalecer y Armonizar” los catastros y registros, lo que en español de la vida real significa que intentarán que la computadora de la oficina de tierras de un municipio no entre en pánico al intentar hablar con la del estado. Se trata de modernizar, conectar y actualizar un sistema que probablemente seguía funcionando con máquinas de escribir y ábacos. La misión, si deciden aceptarla, es crear una base de datos única para que no haya pierde sobre quién es dueño de qué.

Hasta ahora, el registro de propiedades en México se parecía más a un tianguis de domingo que a un sistema formal. Con escrituras duplicadas, información desactualizada y conflictos que duraban más que una telenovela, comprar o vender un terreno era una aventura de alto riesgo. Esta nueva ley busca acabar con el caos, asegurando que la información de terrenos y casas sea la misma para todos, desde el municipio más pequeño hasta la gran Federación.

La supuesta solución mágica es cruzar datos para cazar las «inconsistencias», que es la forma elegante de decir que van a buscar quién se ha pasado de listo registrando el mismo lote dos veces. Según el decreto, esto podría reducir la corrupción, lo cual es una afirmación tan optimista como pensar que el tráfico va a desaparecer mañana. El objetivo es que, por primera vez, el gobierno tenga un mapa claro de quién posee qué, sin tener que consultar a un vidente.

Para calmar a los caciques locales, la ley aclara que no se meterá con la gallina de los huevos de oro: el cobro del predial. La Federación básicamente les dice a los municipios: «Ustedes sigan cobrando su lana, nosotros solo queremos hacer un inventario para que esto deje de ser un desorden monumental». Así, todos contentos, la autonomía municipal se respeta y el gobierno central puede finalmente jugar a que tiene todo bajo control.

Con este paso de gigante para la burocracia, México se prepara para entrar de lleno al emocionante mundo de… las bases de datos funcionales. Solo tomó un poco más de una década de discusiones y papeleo. ¡Felicidades a todos los involucrados por entregar la tarea que tenían pendiente desde que la mayoría aún usaba otro tipo de teléfono móvil

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