España le tira un camión de euros a Uruguay para que le cuide sus nubes digitales

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¡Atención, jubilados del mundo y amantes de la siesta! Uruguay, ese remanso de paz donde la mayor adrenalina es discutir por el punto del asado, acaba de recibir un electroshock financiero que ni en sus sueños más locos con dulce de leche esperaba. Resulta que la empresa española Solaria, como un tío rico que aparece en Navidad, va a soltar la friolera de 5,700 millones de dólares para construir el trastero digital más caro del vecindario. Sí, leyeron bien: una fortuna para levantar galpones con computadoras que se calientan más que una discusión de fútbol.

Informe El Chapucero

El presidente Yamandú Orsi lo anunció con una sonrisa que no le cabía en la cara, probablemente ya imaginando los memes presidenciales en 8K. La inversión «histórica», como la llaman para que suene más importante que el invento del mate, se divide en dos: 5,500 millones para las catedrales de hormigón donde se almacenarán las fotos de tus vacaciones en la playa y los chats de WhatsApp que juraste haber borrado, y 200 milloncitos para una planta de energía solar. Esta planta es la lechuga en la hamburguesa grasienta: la coartada ecológica para que nadie se queje del gasto energético.

La razón de esta movida, según dicen, es la legendaria «estabilidad» de Uruguay, que en lenguaje de negocios significa «tan predecible que hasta las vacas bostezan con horario fijo». El país, cuya economía se movía más lento que una conexión a internet de 1998, ahora recibirá una inyección de capital que promete crear 3,000 empleos. Prepárense para ver una legión de «enchufadores profesionales de cables» y «guardianes de servidores». Y lo mejor de todo: operará como Zona Franca, o sea, una fiesta fiscal donde los impuestos son tan escasos como las ganas de trabajar un lunes.

Pero como en toda buena historia, hay una letra chica más incómoda que un asiento de colectivo en hora pico. Estos centros de datos, tan modernos y futuristas, beben más agua que una convención de maratonistas en el desierto y consumen más energía que un pueblo entero viendo la final del mundial. Así que mientras una inteligencia artificial de última generación te recomienda una película, recordá que su cerebro digital probablemente se está enfriando con el agua que iba a ser para tu mate. ¡El futuro llegó, y parece que tiene sed

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