Como si fuera tu tía la que sabe de todo porque lo vio en un video, el Fondo Monetario Internacional (FMI) le mandó un recadito a México con una tarea que parece de primaria: pónganse a cobrar bien los impuestos a las propiedades. Según la subdirectora Era Dabla-Norris, que seguro es la alumna destacada del salón, es hora de que el gobierno desempolve los mapas de los terrenos, conocidos como catastros, y se ponga a cobrar como se debe. Básicamente, les dijeron que dejen de buscar dinero debajo del colchón y mejor vayan a tocarle la puerta al dueño del edificio de enfrente.
La lógica del FMI es tan simple que hasta un niño la entendería: es más fácil cobrarle a un terreno que no se puede mover que a un trabajador que puede renunciar e irse a vender pulseras a la playa. Mientras el dinero, el trabajo y las inversiones son como jabón mojado en las manos, las casas y los terrenos están clavados al suelo y no se pueden escapar a un paraíso fiscal. Por eso, el FMI insiste en que cobrar el predial de forma eficiente es la clave para que los municipios dejen de estirar la mano pidiendo limosna al gobierno federal.
Claro que para lograr esta hazaña, primero hay que hacer la titánica labor de actualizar los catastros, que en muchos lugares parecen pergaminos de la época de la Colonia. El FMI sugiere, con un tono de «es obvio, ¿no?», que usen tecnología moderna como los datos geoespaciales y los pagos electrónicos. Es el equivalente a decirle a tu abuelito que deje de mandar cartas y mejor use el WhatsApp para que las cosas sucedan en este siglo. Sin un mapa claro de quién es dueño de qué, cobrar impuestos es como jugar a la gallinita ciega en un campo minado.
Pero la cosa no termina ahí, porque el FMI también notó que la deuda del país va para arriba como cohete en feria de pueblo, mientras que el plan para apretarse el cinturón va más lento que una procesión. El organismo, con la paciencia de un santo, recomendó un ajuste «más ambicioso», que en lenguaje de la calle significa: «¡Muévanse, que se les está quemando el rancho!». La idea es que se pongan serios desde ahora y no cuando el agua les llegue al cuello.
El FMI también dio un consejo que suena a libro de autoayuda financiera: no todo es recortar gastos a lo loco, sino gastar de forma más inteligente. En lugar de despilfarrar, el dinero se podría usar en cosas que sí dejan beneficios a largo plazo, como infraestructura e innovación. Es como si te dijeran que en vez de gastarte la quincena en tres fiestas, mejor inviertas en un curso de algo que te dé más dinero para futuras fiestas.
Al final, el mensaje es claro y contundente: México tiene una oportunidad de oro para poner sus finanzas en orden ahora que todavía le prestan barato, porque esa fiesta no va a durar para siempre. El FMI advierte que cuando las tasas de interés suban, el costo de la deuda se va a disparar y ahí sí van a empezar los lamentos. Así que o aprovechan para arreglar las goteras de la casa, o se preparan para que se les inunde hasta la sala.




