En un acto de generosidad que solo se ve en las pesadillas de los contribuyentes, la Cámara de Diputados decidió que los servicios del Estado necesitaban un pequeño «ajuste». Con una votación aplastante de 329 a favor y 117 en contra, nuestros legisladores le dieron luz verde a la nueva Ley Federal de Derechos. Esto, traducido del lenguaje político al español, significa que preparares la cartera porque casi todo lo que huela a trámite o servicio gubernamental va a costar más.
Según los defensores de esta puñalada económica, no se trata de un aumento, sino de una «correspondencia justa y proporcional» entre lo que pagas y los fantásticos servicios que recibes. El objetivo es recaudar la módica cantidad de 177,185 millones de pesos, una cifra con la que podrías comprar suficientes chicles para tapar todos los baches del país. La justificación oficial suena a discurso de vendedor de tiempos compartidos: todo es para mejorar y adecuar los costos a la realidad. Tu realidad, por supuesto.
Como en toda buena telenovela parlamentaria, la oposición se rasgó las vestiduras. Acusaron al gobierno de romper su promesa de no subir impuestos, señalando que esto es solo una forma creativa de cobrarle más a la gente por servicios que, según ellos, son bastante cuestionables. El drama subió de nivel cuando se echaron en cara deudas pasadas, incluyendo el legendario Fobaproa, demostrando que en la política mexicana, los rencores son más duraderos que un mueble de buena madera.
Pero vamos a lo que nos duele: el bolsillo. Si eres turista, prepárate para desembolsar 1,158 pesitos solo por el derecho a visitarnos, un aumento considerable desde los 988 anteriores. Las aerolíneas pagarán un 10% más por usar el espacio aéreo, costo que seguramente te pasarán en tu próximo boleto. Hasta los concesionarios de trenes con más de 15 años verán su tasa elevarse al 3%, porque la antigüedad, al parecer, se castiga.
No todo son malas noticias, si sabes buscarle. Para que no te duela tanto el golpe, el gobierno dejará la entrada gratis a 53 museos y zonas arqueológicas, porque la cultura es lo último que se pierde, después del dinero. Además, los mayores de 60 años y las personas de comunidades indígenas aledañas a áreas naturales protegidas tendrán pase libre. Los domingos también serán de entrada gratuita en ciertos lugares, así que ya tienes plan para cuando no te alcance para el cine.
Al final del día, la conclusión es bastante simple: el gobierno necesita dinero y ha decidido sacudir el árbol a ver qué cae. Mientras los políticos se pelean en la tribuna citando deudas de hace décadas, los ciudadanos de a pie son los que terminan pagando la cuenta. Así que la próxima vez que te quejes de un trámite, recuerda que ahora es un trámite «justo y proporcionalmente» más caro. ¡Qué alivio




