Parece que a alguien se le acabó la paciencia más rápido que a un conductor en el tráfico de la Ciudad de México. Corea del Norte, en un berrinche que ya es más predecible que el final de una telenovela, decidió que el lunes era un día perfecto para mandar varios de sus juguetitos caros a darse un chapuzón en el mar. Todo esto, casualmente, justo después de que Corea del Sur presumiera su nuevo misil hipersónico, que es como el teléfono de última generación de los proyectiles destructivos.
El numerito comenzó cerca de las nueve de la mañana, cuando desde Pionyang salieron disparados varios misiles de distintos sabores y colores, como si estuvieran probando el menú degustación de un restaurante de destrucción masiva. Según el ejército de Corea del Sur, que básicamente tiene un puesto de vigilancia permanente con palomitas de maíz, uno de los cohetes se aventó un viaje de más de 900 kilómetros. Los japoneses, por su parte, también se dieron cuenta y dijeron que las dos cosas que cayeron al agua parecían misiles. Un aplauso para su increíble capacidad de deducción.
Como es costumbre en este circo geopolítico, los funcionarios de Corea del Sur convocaron una «reunión de emergencia», que es el eufemismo político para «juntarse a tomar café y quejarse del vecino ruidoso». Condenaron los lanzamientos, recordándole a Pionyang que está violando las resoluciones de la ONU, algo que al parecer a Kim Jong-un le preocupa tanto como el recibo de la luz. Esas sanciones que le impusieron en 2006 parecen tener el mismo efecto que una dieta que empieza «el próximo lunes».
Este es el cuarto berrinche misilístico del mes, lo que sugiere que en Pionyang tienen un calendario de «lanzar cosas al mar» más estricto que el de un gimnasio en enero. Los expertos, esos sabios que cobran por decir lo obvio, afirman que Kim solo está inflando el pecho para una posible futura cita con Donald Trump. Básicamente, es el equivalente geopolítico de subir fotos sin camiseta a las redes sociales antes de una primera cita para impresionar. A este paso, el fondo del mar va a tener más chatarra que el garaje de tu tío.



