Saquen sus violines, porque el Banco Mundial (BM) anda de gira como un predicador del apocalipsis financiero, ofreciendo consuelo en forma de billetes a entre 30 y 40 países. Según su presidente, Ajay Banga, la idea es ayudarles a no ahogarse con las crisis energéticas y los precios que subieron más rápido que la popularidad de un video de gatitos. La guerra en Medio Oriente tiene a medio mundo con los pelos de punta, y el banco está listo para jugar al héroe.
Aquí viene lo bueno: a pesar de la fanfarria, resulta que muy pocos países han levantado la mano para pedir los 25,000 millones de dólares iniciales. Según el mandamás del BM, la economía mundial es más resistente que un Nokia de los viejos tiempos, gracias a la magia de la Inteligencia Artificial y a que el petróleo se ha portado medianamente bien. Es el equivalente a que te ofrezcan un préstamo para el súper y respondas: «No, gracias, hoy como sopa instantánea».
Pero no canten victoria, porque la telenovela económica apenas comienza. El diésel y los fertilizantes están más caros que un aguacate en enero, y para rematar, se viene el fenómeno de «El super Niño» a aguar la fiesta. Banga básicamente está diciendo que la calma actual es como la que precede a la visita de la suegra: sabes que lo peor está por llegar y más vale estar preparado.
Por eso, el banco ya se frota las manos esperando que en los próximos meses la fila de necesitados crezca. Están listos para soltar hasta 60,000 millones de dólares, una suma que incluye los 25,000 millones frescos y otros 35,000 millones que los países pueden sacar de proyectos que ya tenían aprobados. Es como quitarle el dinero al presupuesto de la graduación de tu hijo para pagar la tarjeta de crédito.
El chiste se cuenta solo: muchos países en desarrollo ya deben hasta la camisa gracias a la pandemia y la inflación galopante. Las estimaciones del BM indican que para 2026, su deuda externa será de unos 400,000 millones de dólares. Es decir, les están ofreciendo un salvavidas de plomo para sacarlos de un pozo de arenas movedizas, y por eso muchos prefieren desviar fondos que pedir más prestado.
Mientras tanto, no se preocupen por el Banco Mundial, que ellos duermen tranquilos. El mes pasado anunciaron que captaron la cifra récord de 112,000 millones de dólares en capital privado, casi el doble que el año anterior. Al parecer, en el negocio de prestarle dinero al que está con el agua al cuello, siempre se gana.



