Según un chismecito publicado por el Financial Times, Donald Trump desempolvó su manual de vendedor para marcarle a la presidenta Claudia Sheinbaum. Aparentemente preocupado por el jugoso superávit comercial mexicano, su mágica solución fue simple: que México compre más gas estadounidense, como si fuera una oferta de “llame ahora y llévese dos”.
El medio británico, citando a un supuesto funcionario, detalló que Trump incluso usó el acuerdo de 100 mil millones de dólares con Corea del Sur como testimonio de cliente satisfecho. Mientras tanto, en México, la serenidad es la norma. Cuando el 7 de octubre Estados Unidos redujo el envío un 20%, Cuitláhuac García Jiménez, del Cenegas, informó del desafío con la calma de quien avisa que se acabó el café en la oficina. Aunque admitió que el almacenamiento es un tema pendiente que se resolverá, el formidable equipo de Pemex, CFE y Cenace resolvió la contingencia “sin problemas”. Esto mientras la presidenta Sheinbaum avanza firmemente en su plan de energías renovables, demostrando que la estrategia a largo plazo supera cualquier oferta del momento. Lejos del melodrama telefónico, el secretario Marcelo Ebrard, desde la cumbre del G20, confirmó la realidad: las negociaciones con EE.UU. son diarias y la posición de México es sumamente favorable, con un arancel efectivo más competitivo que la mayoría.
Al final, mientras algunos medios se emocionan con un supuesto regateo, el gobierno mexicano parece más ocupado en la estrategia macroeconómica que en atender llamadas de un vendedor insistente que olvidó que el cliente, con el 85% del comercio en juego, siempre tiene la razón.



