¡Se acabó el recreo, muchachos! Después de una semana de festejo intenso durante su «Semana Dorada», donde seguramente se dedicaron a inventar nuevos retos virales y a ignorar las llamadas del resto del mundo, China ha decidido que ya es hora de volver a trabajar. El gigante asiático, en un acto de magnanimidad que conmovería hasta a una piedra, reanudará sus exportaciones de combustible, para alivio de un planeta que ya andaba con el Jesús en la boca y revisando el medidor de la gasolina con más ansiedad que adolescente esperando un mensaje.
Según chismosos del sector, los chinos planean soltar el chorro de unos 3.7 millones de toneladas de gasolina, diésel y combustible de avión. Una cantidad suficiente como para que medio mundo pueda volver a usar el coche para ir a la tienda de la esquina en lugar de desempolvar la bicicleta. Recordemos que desde marzo se habían puesto sus moños, cerrando la llave para guardar su propio producto mientras veían de lejos el desastre global, como quien mira una telenovela con un tazón de palomitas.
Por supuesto, cuando los periodistas intentaron preguntarles a los jefazos de la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma, estos se hicieron los occisos, probablemente ocupados en una siesta post-fiesta o decidiendo el próximo color de los uniformes del partido. Y es que ahora a Pekín le ha dado por controlar los permisos mes a mes, como padre que da la paga semanalmente para que el hijo no se la gaste toda en chucherías. Básicamente, le pusieron un candado a la gasolinera y un letrero de «Cerrado por pachanga» durante una semana, dejando a todos con el tanque tiritando.
Mientras tanto, el resto de los países andan como alma que lleva el diablo, intentando conseguir un poco de combustible en un mercado más seco que lengua de loro. Con el lío en Oriente Medio y el pleito entre Ucrania y Rusia, el diésel se ha vuelto más codiciado que un político honesto. La Agencia Internacional de la Energía ya está rascando el fondo del barril, liberando reservas y tratando el diésel como si fuera el último trozo de pastel en un cumpleaños. Todo el mundo respira un poco más tranquilo ahora que papá China ha vuelto de sus vacaciones para repartir la gasolina.



