Marco Rubio, de paseo en Portugal, declara que la guerra es un empate más aburrido que un domingo sin internet

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Desde la soleada Portugal, donde seguramente estaba catando vinos y quejándose del picante, el secretario de Estado, Marco Rubio, tuvo una revelación digna de un filósofo de sobremesa: la guerra entre Rusia y Ucrania está en un «peligroso punto muerto». Básicamente, es como esa relación tóxica que todos tus amigos tienen, donde ninguno de los dos se va pero se la pasan aventándose los platos, y tú estás en medio esperando a que termine el drama para poder ir por tacos.

Informe El Chapucero

En un giro de guion digno de una telenovela de bajo presupuesto, Rubio mencionó que el gobierno del presidente Donald Trump (sí, leíste bien, Donald Trump) quiere reactivar las conversaciones para acabar con un conflicto que, según él, ya dura cuatro años. Al parecer, en Washington tienen un calendario diferente al del resto del mundo, uno que funciona con la misma lógica que las ofertas del supermercado. Mientras tanto, los drones de ambos bandos se han vuelto más molestos que un mosquito en la oreja a las tres de la mañana, atacando desde refinerías (adiós, gasolina barata) hasta almacenes de comercio electrónico, poniendo en riesgo la sagrada entrega de freidoras de aire y chucherías inútiles.

Con la misma cara de preocupación que pones cuando ves el estado de tu cuenta bancaria después del fin de semana, Rubio advirtió que el pleito podría extenderse. «Esto podría convertirse en una campaña de sabotaje en los países vecinos», dijo, lo que se traduce del lenguaje político a: «la cosa se puede poner tan fea que tu vecino le ponche las llantas al coche del otro». La amenaza es que lo que hoy es un lío entre dos, mañana podría ser una batalla campal en toda la fiesta, con la OTAN metiendo su cuchara como el típico cuñado opinólogo.

Para cerrar su discurso entre un bocado de bacalhau y otro, Rubio concluyó que esta guerra tiene que terminar con un acuerdo, «cuanto antes, mejor». Estados Unidos, en su infinita generosidad, está dispuesto a ser el mediador, el amigo que dice «ya, dense la mano y dejen de fastidiar». Pero, ojo, que tampoco están para perder el tiempo en «procesos inútiles». En otras palabras, si ven que los otros dos siguen con sus niñerías, recogen sus cosas y se van, dejándolos que se arreglen como puedan, que ya bastante tienen con sus propios dramas internos.

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