¿Recuerdas esos días a fin de mes en que tu cartera parece un desierto? Pues en las oficinas de Samsung está ocurriendo todo lo contrario, están usando carretillas para mover las ganancias. La compañía acaba de registrar un beneficio operativo de 107,4 billones de wones, una cifra con más ceros que el examen de matemáticas de un vago. El culpable de esta locura es el auge de la inteligencia artificial, que al parecer consume chips de memoria con más desesperación que tu primo en la cena de Navidad.
El salto es tan descomunal que parece un chiste mal contado: han ganado más de ocho veces lo que registraron el año pasado. Esto es el equivalente financiero de pasar de vender limonada en la esquina a ser el dueño de todas las plantaciones de cítricos del mundo. Este resurgimiento ha convertido la división de semiconductores de Samsung, que hace poco daba más pena que un perro bajo la lluvia, en una máquina de imprimir billetes sin control.
Este frenesí tecnológico ha puesto a Samsung, junto a sus colegas SK Hynix y Micron, en una posición más cómoda que un rey en su trono. Mientras los desarrolladores de centros de datos se pelean por sus chips como si fueran el último trozo de pastel, la compañía se frota las manos. Los analistas ya predicen que los precios de la memoria DRAM subirán entre un 10% y un 20%, demostrando que tener el producto que todos quieren es el mejor negocio desde la invención de la siesta.
Lo más irónico de todo es que hace apenas un par de años, Samsung estaba de capa caída, acumulando pérdidas y con la moral por los suelos. Ahora, gracias a que la inteligencia artificial necesita memoria para funcionar, han pasado de ser el patito feo del sector a un cisne bañado en oro. Es el ciclo clásico del negocio tecnológico: un día estás en la ruina y al siguiente no sabes dónde guardar tanto dinero.
Por supuesto, no están solos en esta fiesta del derroche. Samsung mantiene una pelea de barrio con SK Hynix para ver quién le vende más chips de memoria de alto rendimiento a gigantes como Nvidia. Mientras tanto, algunos inversores miran con recelo, esperando el momento en que esta burbuja de la inteligencia artificial explote y todo vuelva a la normalidad, como es costumbre en esta industria tan propensa a los altibajos.
Así que, mientras la división de electrónica de consumo de Samsung registra pérdidas, a nadie parece importarle un comino. ¿Para qué preocuparse por vender televisores cuando tu negocio de chips se ha convertido en el cajero automático más generoso del planeta? Es una lección empresarial de manual: si algo te sale mal, asegúrate de que otra cosa te salga espectacularmente bien.



